Algunos Materiales que he diseñado para ti:

 

¿Qué es el amor? ¡Vaya pregunta! 

(Primer capítulo)

Fernanda, 29 años, me miró con los ojos nublados por el llanto:

—Siento que lo amo, pero ya no sé si este amor me está haciendo bien, creo que el es el amor de mi vida pero me siento tan confundida o a veces creo que sí es él, pero hubiera sido mejor en un tiempo diferente. Rubén:  ¿Cómo se distingue cuando uno ama… y cuando solo está apegado?

Había estado en esa relación por casi cinco años. Muchas idas y vueltas, muchas experiencias, muchos intentos de sanar algo que ya no se sostenía. Su mayor miedo: confundir amor con costumbre, con necesidad, con miedo a estar sola.

No era la primera vez que escuchaba esa pregunta, ni será la última.
 Porque en el fondo, todos, alguna vez, nos hemos preguntado:
 ¿Esto que siento es amor… o solo miedo de perderlo?

El amor no es lo que nos contaron…


Desde pequeños nos llenaron de definiciones románticas. El amor como mariposas en el estómago, como un destino escrito, como el anhelo de encontrar a alguien que nos salve del vacío, como ese príncipe que llega y te saca de la zona que la bruja te había dejado, o como esa doncella que te esperaba en el castillo ansiosa de tu llegada. Pero la realidad — aunque menos idealizada — es mucho más interesante de lo que parece

El amor no es un sentimiento que hoy tenemos y después se desvanece, el amor tiene más forma de construcción. Y para construir necesitamos conocernos: saber que nos mueve y al mismo tiempo que nos duele, que estamos dispuestos a dar y qué no queremos que en nuestra vida se repita, para construir, necesitamos saber con qué materiales contamos: nuestros valores, nuestra historia personal, nuestra capacidad de escuchar, de poner límites y de comprometernos.

Pero también necesitamos entender cómo reacciona nuestro cuerpo y nuestra mente cuando sentimos esa conexión con alguien más.

Tenemos que tener claro que amar y estar enamorado son dos experiencias diferentes. El enamoramiento si es más emocional, en donde son las emociones y los sentimientos los que llevarán la batuta, los que irán guiando la experiencia, un poco es ir queriendo con los ojos cerrados y los sentimientos abiertos;  sin embargo el amor, es hablar más de razones que de emociones, es tener los ojos, abiertos conscientes que decidimos estar y acompañarnos en esta experiencia, llamada vida.



 

El cerebro enamorado

Cuando nos enamoramos, se activa un sistema interno que nos inunda de sensaciones intensas: entusiasmo, deseo, nervios, ilusión. Es una tormenta química, quizá has escuchado hablar sobre  la dopamina, que es una hormona a la cual se le atribuye el placer que sentimos, la oxitocina, que es la que hace que experimentemos que nos vinculamos y que estamos conectados con la otra persona, la   serotonina que va a darnos nuestros estados de ánimo… son sólo algunos de los mensajeros cerebrales que nos hacen sentir en una nube. Y aunque pareciera muy lindo todo también tiene su otro lado de la moneda, no todo es magia

En esa etapa, nuestro cerebro reduce su capacidad de análisis crítico y por consecuencia se reduce nuestra capacidad de ver los defectos, los desbalances e incluso a veces hasta dramatizamos los errores Por eso idealizamos, por eso no vemos con claridad, por eso todo parece “perfecto” al inicio. ¿Te suena la frase: “es que al inicio no era así”?, qué creés, si era así pero tu cerebro no pudo verlo porque estaba enamorado.

El cerebro se vuelve adicto a la presencia del otro. Cada mensaje, cada llamada, cada cita, cada salida activa la dopamina como si fuera una droga emocional. De hecho, el patrón cerebral del enamoramiento es muy similar al de la adicción.

Pareciera entonces que el enamoramiento es un error en las personas, y no puedo negar que  quizá sea una palabra que describa lo que sucede, por lo tanto como podrás comprender, cuando estamos enamorados no hay que tomar grandes decisiones con referencia a la relación, quizá no sean decisiones sino impulsos, que cuando el enamoramiento se desvanezca, porque siempre se termina, entonces se arrepientan de lo sucedido, de ahí que tomar la decisión de casarse, formar pareja o familia, mientras estamos enamorados, no será la mejor opción.

El enamoramiento es una etapa, que no se repetirá en la relación, se puede vivir de una manera tranquila, sin prisas, viviendo cada experiencia y permitiéndose ir midiendo si ambas partes tenemos razones para ir construyendo la pareja. 

La única función que tiene el enamoramiento en la relación es: sacar lo mejor de nosotros, cuando estamos enamorados, sale una versión muy bonita de nosotros mismos, tal vez, sólo enamorados haríamos las cosas que mejor lucen de nosotros.


 


 

Amor, cuerpo e intuición

El amor no solo se piensa ni se siente… también se intuye. El cuerpo tiene su propia forma de hablar. Especialmente en el estómago, en muchas ocasiones lo utiliza como auditorio para expresar lo que quiere decir, no de gratis que las mariposas son en el estómago, ni esa sensación de vacío en los momentos incómodos de la relación, ahí se verán reflejados

Ese “nudo” que aparece cuando algo no está bien, ese descanso interno cuando sentimos paz, esa tensión inexplicable que nos acompaña al estar con ciertas personas… no son casualidad. El sistema digestivo — al que muchos llaman el segundo cerebro — está íntimamente conectado con nuestras emociones.

Y cuando venimos de historias de estrés, abandono o desconfianza, el cuerpo también entra en modo alerta. Nos volvemos hipervigilantes. Cuando una persona ha vivido con exceso de cortisol, que comúnmente se le asocia a la hormona del estrés, su sistema nervioso y digestivo aprenden a vivir en alerta. Y eso se traduce en relaciones donde uno “necesita al otro para calmarse”, no para construir ,o quizá por el contrario pueda derivar en que nos cuesta relajarnos con el otro, y todo el tiempo estamos monitoreando si todo está bien, si pasó algo malo, hasta nos cuesta confiar, incluso cuando todo parece estar bien.

Por eso, en el amor también hay que escuchar al estómago. No solo al corazón ni a la cabeza. A veces, el cuerpo sabe lo que todavía no podemos decir con palabras. Esa sensación visceral que te dice “algo no está bien” aunque no sepas ponerlo en palabras. No es sólo intuición: es inteligencia corporal acumulada. Lo importante es entonces aprender a escucharnos, porque el cuerpo habla, y en muchas ocasiones lo que tu cerebro quiere justificar, tu estómago ya lo rechazó.

Y no solo eso: cuando discutimos, nuestros cerebros procesan de formas diferentes. Por ejemplo, el cerebro masculino propiciará tener resoluciones más rápidas y con cuestiones más prácticas que “apaguen pronto el incendio” llegando a conclusiones generalmente más racionales, sin embargo el femenino, por otro lado, involucra más conexiones emocionales, lo cual requiere más tiempo y expresión verbal para llegar a acuerdos y no es que un cerebro sea mejor que el otro, simplemente son diferentes.

Esto no es una cuestión de voluntad. Es biología. Y saberlo nos ayuda a ser más empáticos y a dar espacio sin desconectarnos, respetando los ritmos del otro sin invalidar los propios, Esto significa que dar espacio y tiempo en una discusión no es un capricho, sino una necesidad neurobiológica.




 

Nuestra historia también ama

 (o al menos sobrevive al amor)

No amamos desde cero. Amamos desde lo que vimos, lo que aprendimos, lo que vivimos. Desde las caricias que faltaron, desde los silencios que nos marcaron, desde los modelos de pareja que tuvimos cerca o que deseamos evitar. No amamos desde el presente. Amamos desde el vacío que nos dejó alguien en la infancia, desde el miedo a repetir una historia, desde el trauma que no se nombró, pero también hablamos desde las historias bonitas y que experimentamos y de los buenos acuerdos que vimos que se realizaban, de las experiencias enriquecedoras vividas en el pasado

A veces creemos que nos enamoramos de alguien… pero en realidad estamos repitiendo una historia. Una que espera un final distinto. Y ahí es cuando el amor deja de ser una elección y se vuelve una búsqueda inconsciente de reparación y entonces esto deja de ser amor y comienza a llamarse dependencia.

Eso implica que muchos vínculos no nacen del amor, sino de heridas que buscan curarse a través del otro. Pero el otro no es un terapeuta ni un padre ni una madre. Es un compañero de viaje.

En pocas palabras, aprendimos amar a través de lo que vivimos sin elección, necesitamos tomar la decisión de amar de una manera más nuestra, bajo la forma que nosotros decidimos amar.

Por eso, para amar bien, hay que mirar hacia atrás sin miedo. Preguntarse:
 ¿Desde qué lugar estoy eligiendo este vínculo?
 ¿Desde la libertad o desde la necesidad? ¿Desde el deseo o desde el vacío?



 

Entonces, ¿Qué es el amor?

El amor verdadero es un proceso, no una chispa, es la elección consciente de vincularnos con alguien sin dejar de ser nosotros mismos.

El amor es una combinación de tres dimensiones fundamentales que se entrelazan, se nutren y se sostienen entre sí:


1.- Emoción auténtica

El amor comienza en el cuerpo. Es esa sensación que aparece sin pedir permiso: una vibración interna, un deseo de estar cerca, una conexión que se siente antes de que pueda explicarse.

Esta emoción auténtica no se fuerza ni se fabrica. Aparece. Brota. Se manifiesta en una mirada, en un gesto, en el modo en que dos personas se sincronizan casi sin saberlo.

Pero ojo: que sea real no significa que sea suficiente.

Porque el error que muchos cometen es quedarse sólo con esta emoción inicial, creyendo que basta para sostener una relación. El enamoramiento es sólo el primer capítulo, no el libro completo.

La emoción auténtica es el motor que enciende el viaje, pero no es el combustible que lo sostiene.
 Es importante, sí. Pero si no va acompañada de una decisión, se convierte en un impulso efímero.

El amor que sólo emociona, sin dirección, se disuelve, y entonces no es amor, es sólo enamoramiento


2.- Decisión consciente

Aquí entra el gran acto del amor: elegir.
 Elegir estar, elegir construir y cuidar lo construido, elegir comprometerse, incluso cuando ya no hay mariposas.

Amar conscientemente no significa “aguantar todo”. Significa estar despiertos al vínculo. Implica preguntar: 

¿Qué tipo de relación quiero construir?, ¿Cómo me siento al estar con esta persona? y ¿Qué versión de mí mismo/a sale cuando estoy a su lado?


La decisión consciente pone límites donde el impulso no los pondría, cuida donde la emoción podría herir, y sostiene donde el cansancio podría tirar la toalla.

Porque el amor no es algo que nos pasa, es algo que construimos.

Decidir amar no es convertir el vínculo en una obligación. Es asumirlo como una acción voluntaria y libre, donde cada día se renueva la elección de estar con el otro, sin dejar de estar con uno mismo. No es perdernos en el otro, es seguir siendo yo estando a tu lado


El amor que solo se elige sin emoción se vuelve rutina.
El amor que solo emociona sin elección se vuelve tormenta.
El amor sano, el real, es ambas cosas.



3.- Coherencia vital

La tercera dimensión es la más profunda… y en mi opinión la más olvidada.

No basta con sentir ni con decidir.
Hace falta que el amor sea coherente con nuestra vida, con nuestros valores, con quienes somos y con quienes queremos llegar a ser.

Es decir: que el amor encaje con nuestra historia, sin disfrazarla. Que no traicione nuestras creencias, ni nos obligue a dejar de lado lo que soñamos.

Una relación que exige dejar partes esenciales de ti mismo/a no es amor. Es renuncia.
Y el amor real no te pide que desaparezcas, por el contrario, te invita a ampliarte, a profundizar, a integrarte.

Coherencia vital significa que lo que siento, lo que pienso y lo que hago están alineados en el vínculo con la persona amada y ala vez lo suyos contigo
Que no tengo que fingir, callar, justificar ni convertirme en alguien más para que me quieran.

Cuando hay coherencia entonces, no hay ansiedad, hay paz, no hay máscaras, hay verdad, no hay esfuerzo por ser visto, hay presencia compartida.


El amor que no es coherente con tu verdad, te termina rompiendo en pedazos pequeños, sin que te des cuenta.

Amar no es perderse en el otro, es encontrarse en el vínculo, es elegir compartir sin dejar de ser y es crecer, y ayudar al otro a crecer.

Entonces, ¿Cómo saber si hay amor?, pregunta frecuente qué me dicen, lo que respond: 

Cuando lo que sientes es auténtico,cuando lo que decides es libre,y cuando lo que vives está en coherencia con lo que eres, ahí, en ese cruce, nace el amor verdadero. No es una emoción suelta, no es un contrato vacío y no es una dependencia disfrazada.

Es la unión de cuerpo, mente, emoción e historia…
donde dos personas se eligen sin dejar de ser ellas mismas.



 

INVENTARIO EMOCIONAL


Es momento de centrarte en ti:

Toma papel y lápiz, o abre una nota en tu celular, y responde con honestidad:

  1. ¿Qué me atrajo de esta persona?


  2. ¿Cuándo fue la última vez que me sentí realmente en paz con él/ella?


  3. ¿Qué historia de mi pasado creo que esta relación viene a sanar o repetir?


  4. ¿Qué me dice mi cuerpo cuando estoy con esta persona?


  5. ¿Siento que puedo crecer siendo yo mismo/a aquí?


Haz este ejercicio sin prisa. Las respuestas pueden sorprenderte y quizá abrir los ojos a la realidad
Y a veces, basta una sola verdad dicha en voz baja para comenzar un gran cambio.


 

Y antes de concluir este primer capítulo, déjame contarte un cuento, que seguro te vendrá bien con todo lo que ya has leido.


"El amor y el espejo"

Había una vez un joven que iba por la vida con el corazón en las manos. Lo ofrecía a todo el mundo como si fuera pan recién horneado, esperando que alguien lo tomara y, al hacerlo, lo hiciera sentir completo, buscaba el amor como quien busca agua en el desierto

Cada vez que alguien se acercaba, se mostraba totalmente servicial, complaciente, y se esforzaba por verse perfecto; cuando alguien le daba una mirada o una pequeña señal que podía quererle y tomar su corazón él se enamoraba, daba todo, sus días, su tiempo, sus certezas. Se moldeaba al otro con la esperanza de ser querido, aunque dentro de sí sentía un vacío. Pero cuando el amor se rompía —porque siempre se rompía—, sentía que se quedaba con menos de lo que tenía antes. Como si, en cada intento, perdiera una parte de sí mismo.

Una tarde, mientras caminaba solo con su dolor a cuestas, encontró a un anciano sentado junto a un pozo de agua. El viejo lo miró sin preguntar nada, como si ya supiera lo que le dolía.

—He amado muchas veces, pero siempre acabo vacío —dijo el joven, con un nudo en la garganta y un malestar en el estómago

El anciano le tendió un espejo.

—¿Qué ves?

—A mí —respondió el joven.

—¿Y si solo buscaras en el amor un lugar donde verte, no donde esconderte?

Al mirar el anciano el rostro del joven  y ver que quizá no entendía el mensaje,prosiguió: 

—Busca el amor como un espejo, no como un pozo.

—¿Y eso qué significa? —preguntó el joven.

—Que el amor sano no es para llenarte, sino para reflejar lo que tú ya eres.

El joven guardó el espejo, desde entonces, dejó de buscar quien lo completara, y por primera vez entendió que el amor no debía ser refugio para sus vacíos, sino un reflejo que le mostrara quién era… y quién podía llegar a ser, si se elegía desde la libertad.



 

Me hace ilusión que te quedes con esto:


El amor no comienza cuando alguien te mira con ternura, no comienza en el otro.
Comienza cuando tú decides mirar con honestidad lo que sientes, lo que necesitas, lo que deseas y  lo que eres. Cuando eres capaz de mirar tu historia, tomar decisiones y ser coherente con tu vida

Porque el verdadero amor no es perderse en el otro…
Sino elegirse sin dejar de ser uno mismo.
Con cabeza.
Con estómago.
Y con corazón.



Cuentos: 

EL AMOR Y EL ESPEJO

 Porque el verdadero amor no es perderse en el otro…
Sino elegirse sin dejar de ser uno mismo.

LA BRÚJULA ROTA

 

Amar no es sólo sentir. 
Es elegir crecer con otro sin dejar de ser tú.

APUNTA AL SOL

 

"Apunta hacia lo grande, no a lo de todos"

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